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Fuente: La Nación

 Michelle Bachelet , alta comisionada de las Naciones Unidas, certificó ayer en su informe las múltiples y generalizadas violaciones de los derechos humanos, sociales y económicos que sufre Venezuela , gobernada por una revolución que se niega «a reconocer la magnitud de la crisis y no adopta medidas apropiadas». La tragedia sin límites de un país que amenaza con continuar «el éxodo sin precedentes de emigrantes y refugiados que abandonan el país mientras el resto de los ciudadanos sufrirán el empeoramiento de sus condiciones de vida».

Crédito ONU/ Jean Marc Ferré

Sin ninguna anestesia. Demoledor por la contundencia de sus argumentos y devastador para el victimismo revolucionario, el informe de Bachelet «desnuda la tiranía», como resumió la fiscal rebelde Luisa Ortega. Desde centenares de ejecuciones extrajudiciales, que llevaron a la ONU a reclamar la supresión de las Fuerzas Especiales de la Policía (las temidas FAES), hasta torturas o «tratos inhumanos como descargas eléctricas, asfixia, golpizas y violencia sexual para obtener confesiones».

Desde 3,7 millones de desnutridos hasta 1557 muertos en los hospitales durante solo cuatro meses por la falta de medicinas. Desde un salario mínimo de 7 dólares que solo cubre el 4,7% de la canasta básica de alimentos hasta la persecución de periodistas críticos, tildados de «traidores y agentes desestabilizadores». Y todo ello tuvo su origen mucho antes de las sanciones impuestas desde Estados Unidos y Europa, que pueden agravar la situación de emergencia, pero que no son sus causantes principales, pese a la constante propaganda empleada por el gobierno. Bachelet destaca la corrupción, el desvío de recursos y la falta de mantenimiento como claves del derrumbe revolucionario.

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