Los compradores que esperaban desde la madrugada de este 2 de junio en las cercanías a un comercio de la esquina Crucecita de la avenida Fuerzas Armadas se indignaron cuando vieron cómo el camión que llegaba a abastecer el local era detenido por un consejo comunal de la zona.

Crédito Efecto Cocuyo.

Crédito Efecto Cocuyo.

El enfado general desembocó en una protesta que fue reprimida desde las 9:30 am por contingentes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), la Policía Nacional Bolivariana (PNB) e incluso con la participación de presuntos colectivos de Cotiza.

De acuerdo con testimonios recabados en el sitio por el equipo de Efecto Cocuyo, los integrantes del supuesto consejo comunal informaron a los presentes que la venta de productos regulados estaba suspendida. “Dijeron que el camión lo iban a llevar al centro de acopio para la preparación de las bolsas de los Clap (Comités Locales de Abastecimiento y Distribución). Incluso obligaron al dueño del comercio a firmar un papel que decía que él entregaba esos productos al consejo comunal”, indicó un vecino.

El malestar se extendió no solo a los compradores, sino también a los habitantes que aún no habían salido de sus casas. Desde sus ventanas sonaron las ollas en señal de protesta por la irregularidad.

El sonido de las cacerolas y las quejas de los manifestantes no cesó cuando llegaron los funcionarios de la GNB y PNB con equipo antimotín. Se volvieron más fuertes las voces de protesta y la impotencia de los compradores y vecinos se volcó en gritos contra los uniformados. “¿Cómo nos van a hacer eso? Esas bolsas no nos están llegando. Nos están quitando la comida”, afirmó una residente que estuvo desde las 5:00 am en una cola de un comercio al cual hoy no le llegaron alimentos.

Bombas lacrimógenas y sonoras, empujones y golpes fueron la respuesta de los uniformados; mientras que los presuntos integrantes de un colectivo de Cotiza arremetían contra los manifestantes.

La represión se mantuvo hasta las 3:00 pm. A las 2:40 pm  en un edificio entre la avenida este 5 y 7, por el lado de la avenida Fuerzas Armadas, un grupo de vecinos y transeúntes se refugiaron en la planta baja de las bombas lacrimógenas.

“¿Alguien me puede decir qué es lo que está pasando?”, dijo una joven a los presentes que iba acompañada por dos muchachos, estudiantes universitarios los tres. La respuesta no pudo darse, pues cuatro detonaciones se escucharon detrás de ella.

Los funcionarios de la GNB que estaban apostados en la intersección de la avenida este 5 con la avenida Fuerzas Armadas arremetían contra unos encapuchados que les lanzaban piedras, palos y botellas. Las bombas lacrimógenas salieron disparadas directamente a los manifestantes.

“¡No vayan a abrir la puerta, allí están los niños. No dejen que salgan los niños!”, gritó una mujer a un hombre que ingresó a una vivienda ubicada en la planta baja. Los demás se tapaban del gas con sus camisas y se echaron al piso.

La represión duró 10 minutos aproximadamente. A las 3:10 pm, la avenida retomaba el tránsito de peatones y vehicular, bajo la mirada amenazante de los funcionarios. Desde el puente de las Fuerzas Armadas hasta la avenida este 7, cada esquina lucía un grupo de al menos 10 funcionarios de la GNB, mientras que personas vestidas de civil y con chalecos antibalas grababan con cámaras profesionales a las personas que aún se mantenían en son de protesta en la calle.

“Uno es el que sale a la calle a trabajar a tratar de arreglar este país y ellos los atacan a uno.Todo por defender a un señor mayor a quien golpeó la GNB. Me dijeron que me iban a caer a golpes también y les dije que lo intentaran. Al final no lo hicieron”, aseguró una joven de 19 años a unos reporteros de televisión.

Otro de los residentes del sector aseguró que la GNB se había llevado detenidos al menos a tres personas en la parte baja de la arteria vial. “Ellos quieren tapar el sol con un dedo. Pero no lo pueden hacer, aquí no hay sifrinos protestando. Aquí hay un pueblo con hambre. Esas bolsas no nos van a llegar nunca”, aseveró el hombre, que aún recuperaba el aliento por las bombas lacrimógenas.

Represión de colectivos
El equipo de Efecto Cocuyo fue amedrentado por un grupo de ocho personas entre las que se encontraba una mujer, cuando llegaron al sitio de la protesta por la avenida este 7.

“¿Quiénes son ustedes?, ¿qué hacen aquí?,  ¿de qué prensa son?”, preguntaba un hombre que aseguró ser parte de la comunidad. Pidió a los periodistas que le mostraran su credencial, mientras se acercaba a ellos, sin dejarlos moverse.

El interrogatorio continuó: “¿Qué tienen en ese bolso?, ¿a ver con lo que van a grabar? Muestra qué tipo de equipos tienen”. El hombre sacó un celular Samsung S7, último modelo de la marca, y revisó en línea el portal de noticias.

“Nosotros estamos contrarrestando la acción de los bachaqueros que querían comprar comida a toda costa, aunque esos alimentos van para los Clap”, informó la mujer que acompañaba al grupo.

El equipo de Efecto Cocuyo logró evadir las amenazas del grupo agresivo gracias a las señales de un vecino que indicó que éstos eran colectivos, sin especificar el nombre o la procedencia del mismo.

Violentan derecho a informar
Al mediodía de este jueves, al menos 19 representantes de medios de comunicación social fueron agredidos físicamente, además de sufrir el robo de sus equipos de trabajo y pertenencias por parte de un grupo de personas.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), Espacio Público y el Instituto de Prensa y Sociedad  (Ipys) exigieron una inmediata investigación de los hechos violentos que ocurrieron en el centro de Caracas.

“En la mayoría de los casos, los equipos e implementos de trabajo fueron robados bajo amenaza de muerte con la intención de eliminar cualquier evidencia que permitiera identificar a quienes estaban en el lugar generando violencia”, aseveró el SNTP en un comunicado.

Algunos de los afectados son Luis Morillo, Adolfo Costa, Pablo Pupo y Deivis Ramírez (El Universal); Andrea Cedeño, William Ríos, Felipe Martínez, Amanda Sánchez y Luis Díaz (Vivo Play); Oriana Vielma (El Pitazo), Raúl Romero y Daniel Mejías (El Nacional), Francisco Bruzco (2001), Felipe Romero e Irene Mejías (Caraota Digital); y, Mabel Sarmiento y Miguel González (Crónica Uno).

Fuente: Vanessa Moreno Losada, Efecto Cocuyo

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