12/03/08. Caracas. Las FARC no tienen ninguna posibilidad de derrotar a unas fuerzas militares victoriosas. La política de Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe ha correspondido con admirable precisión a las necesidades de Colombia y a sus deberes como Presidente. Con prudencia que nadie ha confundido con debilidad y la firmeza necesaria para avanzar sin vacilaciones, ha derrotado progresivamente a las FARC. Terminó cualquier recuerdo nostálgico por las banderas revolucionarias del pasado que les consiguió seguidores y comprensión en buena parte del mundo. Están derrotadas política y militarmente. Para el mundo se convirtieron en asesinos, terroristas y pieza clave en las estructuras del narcotráfico y otras causas ilícitas. En concreto, no tienen ninguna posibilidad de derrotar a unas fuerzas militares crecidas y victoriosas, ni de tomar el poder por las armas, ni ser reconocidos como alternativa para nada, ni siquiera como socios de quienes los han acompañado desde la legalidad democrática. Las FARC, envilecidas y muy menguadas, cuentan con pocos recursos políticos. Uno es especular al máximo con los inocentes secuestrados, a quienes podrían liberar mañana mismo si no fueran su instrumento para el más perverso de los chantajes y otro, aferrarse al también deteriorado liderazgo de Hugo Chávez quien, al frente de la legión de chulos calificados y de medio pelo que lo siguen, se ha convertido en el más calificado cómplice y operador político internacional de estos narcoterroristas. Las FARC están arrastrando irremediablemente a Hugo Chávez en su caída. La institucionalidad democrática de Colombia le está prestando un nuevo y gran servicio a la decencia política. Chávez debería dedicarse a sus deberes constitucionales por el mucho o poco tiempo que le queda. Oswaldo Álvarez Paz oalvarezpaz@gmail.com

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