“No sé ni cuánto cobré la última vez porque de inmediato pagué el dinero que debía de medicinas y comida”, relató Nidia Rangel, de 65 años edad, quien se trasladó desde la parroquia Alayón, en Maracay, hasta Caracas para exigir al Ejecutivo Nacional el pago del bono de alimentación y medicina para los jubilados y pensionados, aprobado por la Asamblea Nacional el 30 de marzo, y declarado constitucional por el Tribunal Supremo de Justicia, un mes después.

Crédito Efecto Cocuyo

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“Yo sufro de varicosis, siempre me dan dolores en la pierna y a pesar de eso vine desde Maracay hasta aquí porque mi esposo y yo no soportamos por lo que estamos pasando”, contó Rangel, quien se debate entre gastar el dinero en medicinas o en comida. El esposo de Rangel está desempleado y asegura que “el problema no es solo tener el dinero y salir a comprar, sino salir y encontrar“.

Cuando Sara Cadujo (78 años) cobra la pensión los días 20 de cada mes, también se le presenta el dilema de gastar el dinero de la pensión en medicinas o en comida. “A veces no sé qué hacer”. Llegó desde la parroquia Coche para caminar junto a 300 abuelos más desde la Plaza de la Moneda, hasta Miraflores, para reclamar el pago del “bonoabuelo” que le ayudaría a controlar la diabetes que le costó, hace tres años, la imputación del dedo gordo del pie derecho.

María Nieves tiene 86 años y asegura que no necesita medicinas “como los que están muy enfermos”; sin embargo, explica que lo que ocurre en su casa, donde vive con su esposo, es que “cuando tenemos el dinero en mano, compramos un kilo de carne, queso y arroz”. Detalló que eso es lo que más rinde.

José Giménez acostumbraba comprar bultos de arroz, caraotas o harina de maíz para su casa con la pensión que recibe por discapacidad. “Por mi enfermedad motora, mi esposa y yo comprábamos pacas de comida, y no salíamos tanto a la calle”, dijo.

“Desde enero de este año, no me están dejando entrar a comprar comida. Tengo que hacer una cola que no me garantiza salir con algo en las manos”.

Lo que pedía con recurrencia era que el Gobierno les pague lo que les debe, como dice la Constitución. “Le estamos pidiendo al Gobierno nacional que se apiade de todos los venezolanos”.

Ahora, Giménez y su esposa salen de su casa separados a tentar la suerte de regresar a la casa con al menos dos kilos de harina y algo para el relleno. “Cuando cobro la pensión, salimos en la mañana y nos separamos, ella va a un establecimiento y yo a otro”.

Estas historias se conocieron la mañana de este martes 31 de mayo cuando un grupo depensionados, jubilados, discapacitados y adultos mayores, se reunió desde las 10:00 am en la plaza de la Moneda en la parroquia Altagracia, para participar en “La Marcha de los Bastones”, que comenzó con consignas como: “No nos tengan miedo, somos abuelitos”, “Maduro, aprueba la ley del bono”, “¡Queremos comida!” y “¡Queremos medicina!”.

El recorrido comprendía tres cuadras. Sin embargo, a las 11:00 am, cuando apenas comenzaba la movilización, el grupo fue detenido por efectivos de la Policía Nacional, de laGuardia Nacional Bolivariana y de la Fuerza Armada Nacional, quienes impidieron que se cumpliera uno de los objetivos por el que más de 300 personas se encontraban en el lugar:llegar al Palacio de Miraflores.

Se nombró una comisión de 10 personas, para que entregaran el documento de exigencia de promulgación del bono de alimentación y medicina. “Van a ir diez personas y el resto se queda aquí”, ordenó la GNB, que solicitó la cédula de las personas que se encargarían de llevar el documento a Miraflores.

El grupo esperó en las escaleras de la iglesia Altagracia, con el paso aún bloqueado por los efectivos, mientras la comitiva regresaba. Otros, se acercaron hasta Puente Llaguno donde también eran custodiados por efectivos de la GNB.

“Hoy hay varias marchas. Cada vez que se convoca una marcha que el Gobierno considera opositora se inventan siempre una contramarcha”, explicó la diputada Mariela Magallanes. Agregó que “la idea y el objetivo era Miraflores; sin embargo, logramos una negociación para que una comisión de todas las asociaciones de jubilados y pensionados, lleguemos hasta Miraflores y nos reciban el documento”, lo que en efecto concretaron.

Fuente: Leidys Villaroel, Efecto Cocuyo

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