Bolivia. Pilotos de helicópteros Súper Puma tienen plan de evacuación del mandatario. Opositores del gobierno boliviano rechazan el “intervencionismo” de Caracas en asuntos militares. Los pilotos venezolanos a cargo de los dos helicópteros Súper Puma de la aviación militar tienen clara la misión: proteger la vida de Evo Morales, presidente de Bolivia, en caso de un conflicto. Hugo Chávez, primer mandatario venezolano, prestó las aeronaves a su homólogo en junio de 2006 por tiempo indefinido. Las máquinas –cuya base se localiza en la ciudad de El Alto, a más de 4.000 metros de altura en el departamento de La Paz– se utilizan principalmente para trasladar al gobernante boliviano. Chávez explicó la historia de la decisión en el programa Aló, Presidente 256, transmitido desde Tiwanaco el 29 de junio de 2006: a Fidel Castro le preocupaban los riesgos que corría Morales cuando se desplazaba en un viejo helicóptero Lama, el único propio de la Fuerza Aérea Boliviana. Un total de 23 efectivos del Grupo 10 de Operaciones Especiales de la Aviación venezolana –se trata de la unidad de la Fuerza Armada Nacional a cargo de los Súper Puma– expusieron la necesidad de afinar los detalles del plan de evacuación de Morales en una reunión celebrada en la nueva sede de la embajada de Venezuela en La Paz, en septiembre de 2007. Julio Montes, jefe de la misión diplomática, presidió la sesión de trabajo, a la que asistieron el general (Ej), Eusebio Agüero Sequera, agregado militar; el coronel (Av) Manuel Silva, agregado aéreo; el teniente coronel (Av) Edwin Calderón, jefe de la misión aérea presidencial, y funcionarios de la Disip. Silva escribió en un informe que Montes hizo una introducción sobre la historia de Suramérica y recordó lo delicado de la misión militar en Bolivia: “Planteó la necesidad de nombrar un estado mayor para formalizar un plan de dispersión de evacuación del señor presidente Evo Morales, ya que somos los responsables de su vida”. Calderón intervino para puntualizar cuatro puntos. Hizo un bosquejo de las acciones de evasión de las aeronaves y del personal; y repasó asuntos sobre la seguridad del mandatario boliviano en el vuelo y en los puntos de llegada. El capitán Freddy Blanco, jefe de operaciones, resaltó la necesidad de ejecutar vuelos nocturnos de entrenamiento para practicar salidas ante una emergencia. El sargento técnico Aquiles López resumió así, en otro informe, el espíritu de la tarea encomendada al Grupo 10, cuyo símbolo es una cobra: “Nuestra misión, la cual aceptamos al venir a Bolivia, es la de dar la vida, de ser necesario, por el cumplimiento del deber asignado”. Aunque está establecido el entrenamiento de tripulaciones bolivianas, aún la operación recae en manos de los efectivos venezolanos. El parlamentario opositor Walter Guiteras, miembro de la Comisión de Defensa del Senado boliviano, afirma que militares venezolanos también forman parte de los equipos de seguridad de Morales cuando está en tierra: “En la Presidencia, en el Ministerio de Gobierno, es evidente la presencia de venezolanos”. Sangre. Morales afronta la oposición de los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, que defienden estatutos autonómicos considerados por el gobierno como una amenaza a la integridad territorial. Chávez ha dicho que no se quedará de brazos cruzados si el imperio norteamericano y la oligarquía derrocan o asesinan al jefe del Estado boliviano y ha prometido “un Vietnam de ametralladoras”. Montes ha garantizado que correrá sangre venezolana en caso de un conflicto. Caracas y La Paz firmaron dos acuerdos de cooperación militar en los últimos dos años que privilegian proyectos de infraestructura, intercambios educativos y la mejora de las capacidades defensivas. Guiteras considera que se trata de un paraguas: “El intervencionismo se aprecia en los distintos ámbitos de la vida militar”. Raúl Salazar, ex ministro de la Defensa de Venezuela, plantea una línea divisoria: “La cooperación para el desarrollo, la paz y la ayuda humanitaria siempre es positiva, pero una cosa distinta es la falta de prudencia y la intromisión en los asuntos de otro país”. Chile, Perú, Paraguay y Brasil han seguido de cerca la colaboración militar. La “letra pequeña” del primer convenio preocupa a los adversarios internos de Morales. “Se establece la cooperación en gestión de crisis y eso abre las puertas de cualquier cosa”, afirma Fernando Mesmer, diputado opositor y ex vicecanciller boliviano. “El Congreso fue cercado el día que se ratificó ese acuerdo. Se impidió la entrada de la oposición y los masistas trajeron por vía aérea a dos senadores suplentes que dieron el visto bueno a ese y a otros documentos más”, recuerda. Tony Condori, presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, afirma que el Parlamento tiene la potestad constitucional de autorizar el ingreso de tropas extranjeras y por ello la oposición no debe temer. Sin embargo, no pudo precisar cuántos venezolanos se encuentran en funciones militares a la fecha. Tampoco lo pudo establecer Rafael Gil, su homólogo de la Asamblea Nacional venezolana, cuando fue consultado al respecto. El Nacional solicitó entrevistas con los Ministerios de Defensa de ambos países sin obtener resultado. Temores. Caracas y La Paz establecieron un mecanismo de donaciones directas. Una de las principales críticas surge por la entrega de cheques a militares bolivianos para financiar proyectos de infraestructura. “Es una manera de comprar conciencias”, dice Carlos Pablo Klinsky, presidente de la Brigada Parlamentaria Cruceña. El diputado afirma, además, que la frecuencia de los vuelos de aeronaves militares con cargas preocupan a los bolivianos. “En el aeropuerto de Viru-Viru, en Santa Cruz, sólo en 2007 hubo 1.000 vuelos”, añade. Guiteras afirma que en Beni –donde se han ejecutado labores de ingeniería en la construcción de un dique contra inundaciones, bases militares y la recuperación de una pista de aterrizaje– pueden contarse entre 200 y 300 hombres. “Ya algunos se les hacen antipáticos a la población porque acuden a sitios donde beben y juegan”. Condori reflexiona lo siguiente: “En Bolivia hay libertad de expresión y la oposición puede decir lo que quiera, pero si se habla de intervencionismo en el caso venezolano habría que denunciarlo con todos los países con los que tenemos acuerdos de cooperación”. Más allá de las discusiones hay una verdad: nadie es indiferente a los uniformados venezolanos en Bolivia. Fuente: El Nacional. Nación/6 David Gonzalez Cortesia El Deber dgonzalez@el-nacional.com

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