Fuente: La Verdad

Luis Reyes Reyes en 2010 continuó engrosando la hegemonía castrense al frente del Ministerio de Salud. Cifras epidemiológicas “en manos” de comandantes de Zonas Operativas de Defensa Integral y “la necesidad de un control social” matizan las gestiones de los últimos 10 años.

El paso del comandante Mantilla y del general de brigada Rotondaro entre 2007 y 2009 por el Ministerio de Salud, “pareció” dejar un “buen” sabor de boca dentro de las filas oficialistas, que, encabezadas por el expresidente Chávez, nombró al teniente coronel Luis Reyes Reyes al frente de la cartera en 2010. El exgobernador de Lara arribó del Ministerio para el Despacho de la Presidencia y solo duró tres meses en el cargo.

Con Reyes “continuó” el nepotismo y el “desastre” de la vacunación contra la  AH1N1 heredada por Rotondaro. En mayo de 2010, tras su “meteórica” travesía, fue sustituido por María Eugenia Sader, médico, pero también coronel asimilada de la aviación. Sader ya conocía el ministerio, luego de formar parte de él desde 2009 como presidenta de la Fundación Misión Barrio Adentro y viceministra de Redes de Salud Colectiva. Según especialistas y epidemiólogo, ella hizo una de las “peores” gestiones dentro del gabinete.

El recuerdo de Sader es “nefasto” y en sus espaldas recaen acusaciones sobre falta de transparencia, demandas de ONG por mal manejo de recursos para insumos, medicinas e infraestructura, reclamos de pacientes con Sida debido a la escasez de antirretrovirales y fallas frecuentes en los procesos de abastecimiento de insumos y medicamentos dentro de los hospitales, según el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea).

Remembranza podrida 

Con Sader, los boletines epidemiológico volvieron a publicarse durante los primeros meses de su gestión, luego de la suspensión impuesta desde la época de Mantilla, pero un repunte de encefalitis equina provocó que se interrumpiera nuevamente la información divulgada. También fueron omitidos datos sobre el  brote postpandémico de H1N1 y existieron dificultades para obtener información del cólera y mayaro, un virus con síntomas similares a los del dengue.

Cuando hace memoria sobre la administración de la militar, el epidemiólogo José Félix Olleta recuerda que fue un “desastre” y todo empeoró. “Hubo denuncias y existe un amplio expediente en la Contraloría General sobre su persona. Se asignaron recursos financieros para construir seis hospitales de especialidades, pero nunca se terminaron y se pagaron por anticipado a compañías trianguladas entre Reino Unido, Alemania y Turquía. Por cada uno se canceló 200 millones y todo eso se perdió”.

Sader fue ministra de salud hasta abril de 2013 y un año después sería imputada por peculado doloso, asociación para delinquir y sobregiro presupuestario por el Ministerio Público. Luego de la destitución de Sader, a la cabeza del ministerio quedaron civiles, pero los “tentáculos” castrenses lograron infiltrar el sistema en distintas direcciones.

Poder en los cuarteles  

En los cuarteles “nacen” las esperanzas del resurgir del sistema de salud público en Venezuela según los antecedentes gubernamentales, y aunque no estén a la cabeza de la cartera, algunos militares están al frente de direcciones regionales o pertenecen a ellas como en Monagas, Guárico o Portuguesa, además de asegurarse su presencia en áreas de infraestructura.

Rocío San Miguel, presidenta de la Asociación Civil Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada, de acuerdo al especial de Provea, explica que los militares entraron al sistema de salud “cuando el Plan Bolívar 2000 se activó con operativos y unidades móviles en hospitales y hoy continúan con esa presencia a través de las milicias”, porque existe una “necesidad de control social para evitar que se retrate lo que ocurre”.

Mercenarios de la salud 

Una investigación publicada por Armando.Info, a partir del cruce de la lista de empresas incluidas en el Registro Nacional de Contratistas con el listado de ascensos militares dentro de la administración pública proporcionado por Vendata, derivado de 2.763 ediciones de la Gaceta Oficial publicadas durante los últimos 10 años, develó que los “jerarcas uniformados” contratan con el Estado. Esto viola el artículo 145 de la Constitución, además de ser penalizados con responsabilidades administrativas de acuerdo a lo contemplado en el artículo 34 de la Ley de Estatuto de la Función Pública así como el numeral 4 de la disposición 91 de la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal.

Cuando hace un análisis sobre el periplo de los militares en el Ministerio de Salud, Oletta señala que es una conducta “reciente” puesto que “solo en circunstancias extraordinarias como desastres naturales la actividad militar participó en operaciones de salud pública”. El exministro señala que las responsabilidades de este “desastre” son compartidas y todo “empeoró” desde hace 8 o 10 años. “Las direcciones de salud públicas siempre estuvieron en manos de civiles y solo existía una oficina de enlace para la parte sanitaria militar. Se trabajaba de manera armónica, coordinada y respetuosa e incluso atendimos crisis de salud relacionadas con su ámbito durante 1997 y 1999. Existía reconocimiento de las funciones de cada uno”.

Siembra revolucionaria 

“Los militares llegaron a puestos de dirección con el chavismo”, según Olleta, y desde entonces “decidieron” reservarse los datos epidemiológicos, desaparecieron las cifras de mortalidad de malaria o dengue y se negó la existencia de la parotiditis o pandemias. Esto se traduce en una “acción contraria a lo que debe ser y excluyó tanto a la población como a los profesionales de la salud de la información necesaria para que participaran en el control de enfermedades”. La carencia de experiencia en el área, la falta de participación, transparencia y planificación los llevó al fracaso.

Al mando “continúan” los de verde oliva. Las cifras epidemiológicas junto a las campañas de vacunación, operaciones y control están “en manos” de integrantes de algunas Zonas Operativas de Defensa Integral (Zodi), gobernadores, misiones médico cubanas, entre otras. La hegemonía militar “cierra con broche de oro”, puesto que en la actualidad supervisan a través de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, junto a la Fuerza Armada Nacional, la distribución de medicamentos e insumos en hospitales de todo el país “para garantizar que lleguen al paciente de manera eficiente y evitar que tomen otro camino”, según Vladimir Padrino López, ministro para la Defensa.

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