Fuente: Erick S. González Caldea, 2001

La noche del martes 9 de agosto, Gianfranco Cesa Perreca, de 26 años de edad, quien tenía pocos meses de graduado como arquitecto, fue secuestrado por cuatro hampones en Las Mercedes. Ellos lo mantuvieron retenido en un auto Hyundai, durante varias horas, con la amenaza de explotarle una granada si la familia no pagaba su rescate. Sin embargo, en un descuido, el artefacto explosivo detonó y acabó con la vida de las tres personas, los dos secuestradores y su víctima.

Crédito Avanceinformativojr

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El caso de Gianfranco no ha sido el único en 2016. Asesinatos, secuestros y robos han sido cometidos por delincuentes en el país portando granadas de mano.

Cómo llega este tipo de armamento a los delincuentes es incierto, pero es sabido que la banda de “El Picure”, en 2013, se hizo “tristemente famosa” por estar involucrada en la muerte de varios efectivos policiales de Guárico con este instrumento de guerra.

El auge del explosivo pisó un escalón más en las organizaciones delictivas el año pasado. Desde 2015 los pillos se han vuelto más violentos al perpetrar los denominados “robos con bombas”.

Tanto fue el impacto del uso de estos dispositivos, que en el informe del año pasado, realizado por laOrganización de las Naciones Unidas (ONU), se detalló que el 41% de los casos en el mundo donde se registró el uso efectivo de granadas fue en Venezuela. En el país hubo al menos 22 muertes por detonaciones, razón por la que fue catalogado como el más violento, en cuanto a fallecimientos por explosiones.

Expertos criminólogos sostuvieron que el uso de armas militares como fusiles y granadas ha aumentado en los últimos años, puesto que no se han realizado investigaciones serias sobre el destino de éstas, cómo son adquiridas y quién las hace llegar hasta la delincuencia común.

Más armas

Fermín Mármol García, experto criminólogo, explicó que los delincuentes ahora no se conforman con sólo portar pistolas o revólveres, sino que han ampliado su parque de armamentos a artefactos más destructivos como son el caso de las granadas, fusiles y armas de tipo automático.

Este armamento no está a la disposición de los efectivos municipales y regionales desde 2009, cuando salió una resolución en la que fueron desarticulados los entes policiales, por lo que estas armas sólo las pueden utilizar la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb).

Según las normativas sobre el Sistema Policial Venezolano “las armas de las policías estadales y municipales sólo pueden ser pistolas calibre 9 por 19 mm con cañón de hasta cinco pulgadas. Escopeta de fricción, de ánima lisa con cañón de 15 a 20 pulgadas, calibre 12, en un número no mayor al equivalente de uno por cada diez funcionarios”.

“Ahora, los delincuentes se han dedicado a elevar su operatividad delictiva, donde, inclusive, los artefactos explosivos ponen en desventaja a las policías municipales del país. Muchas no tienen el poder para combatir esas fuerzas”, indicó Mármol.

Luis Izquiel, también criminólogo, enfatizó que hace 10 años era muy difícil que los delincuentes usaran armas militares, pero vemos un auge en los últimos años. “En principio, pocas bandas delictivas tenían acceso a este tipo de artefacto. Sin embargo, de siete años para acá, vemos un auge en el uso del explosivo por parte de los delincuentes”, sostuvo.

“Cocos secos”

La detonación accidental en los casos de secuestros y robos con granadas son una variante en estos casos, donde se expone la inexperiencia y la poca cautela que tienen los delincuentes a la hora de manejar estos artefactos explosivos, lo que los hace sumamente peligrosos.

Mármol García explicó que los delincuentes, a quienes denominó “cocos secos”, se han vuelto más violentos e impredecibles, pero no más sabios a la hora de manejar estos artefactos. Aseveró que la cultura de estos delincuentes está muy alejada a inmolarse para cometer un delito, más bien la imprudencia de éstos les ha costado la vida.

“Hay que tener cuidado. Cuando se habla de una delincuencia organizada, no tiene nada que ver con la edad que tengan los delincuentes. El sistema clásico de una banda liderada por personas maduras no es el caso del país, puesto que estos grupos están constituidos y organizados por ‘coco secos’”, aseveró Mármol García, quien hizo alusión en la división de bloques que mantiene la delincuencia para sus fechorías.

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