Caracas. El gobierno de Venezuela aumentó los rangos y cargos de su cúpula militar, continuó las compras de nuevos sistemas de armas, institucionalizó las milicias, dividió su territorio en cinco regiones para la “defensa integral” y por primera vez lo abrió a ejercicios aeronavales con Rusia. “Hay una revolución militar y desde los cadetes hasta los almirantes y generales en jefe son, con algunas excepciones pues siempre las hay, una masa de soldados que están cada día más comprometidos con el pueblo y con el proyecto, con la Constitución y la revolución”, proclamó el presidente venezolano Hugo Chávez. El proceso que dirige es “una revolución pacífica, pero armada”, insistió el mandatario. El estreno de armas, aliados, estructuras, tareas y presillas en la institución castrense coincidió este mes con un nuevo enfrentamiento político entre Caracas y Washington y con la advertencia de Chávez de que actuaría militarmente en Bolivia si el presidente de ese país, Evo Morales, fuese asesinado o derrocado por sus oponentes. En lo interno, coincide con el inicio de la campaña política con vistas a elegir en noviembre a gobernadores y alcaldes, instancia en la que Chávez puede tener unos cuantos resultados adversos si se confirman los resultados de las encuestas. Pewro también con denuncias gubernamentales, desdeñadas por la oposición, en el sentido de que se estaría fraguando un nuevo golpe de Estado o un intento de magnicidio en Venezuela. “Lo que en verdad está ocurriendo es que se dan pasos para la militarización de la sociedad y para abandonar el concepto de que el poder militar debe supeditarse al civil”, señaló a IPS Rocío San Miguel, directora de la organización no gubernamental Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional. Los cambios efectuados en la Fuerza Armada son producto de una nueva ley, entre las casi 70 dictadas por Chávez en el periodo de un año y medio que el parlamento le facultó para legislar por decreto sobre una docena de materias. La ley facultó al mandatario para establecer “regiones estratégicas de defensa integral” y, en ese marco, dividió al país en cinco: central (Caracas y estados vecinos), occidental, oriental, Guayana (sudeste) y los Llanos (centro y sudoeste). San Miguel hizo notar que el territorio Esequibo, bañado por ese río y sus afluentes y que es el occidente de la actual Guyana, no figura en la repartición a pesar de que Venezuela formalmente lo reivindica como propio desde antes de la independencia de su vecino país, en 1966, lo cual puede sentar un precedente a favor de Georgetown en esta disputa limítrofe. En paralelo, Chávez creó nuevos rangos militares: mayor general (general con tres soles), entre el general de división (dos soles) y el general o almirante en jefe (cuatro soles), éste último un nuevo estamento máximo para la Armada. Por sobre esos centenares de generales y almirantes de uno a cuatro soles estará el comandante en jefe, que es el presidente de la República, con la particularidad de que no será una posición nominal como en el pasado sino de jefatura efectiva. Chávez hizo carrera hasta teniente-coronel, grado en la mitad del escalafón de oficiales que existía en 1992, cuando encabezó una cruenta sublevación militar que fue dominada y le condujo a la cárcel durante dos años, antes de pasar a retiro. Los nuevos rangos y cargos que inflan la cúpula castrense permiten a Chávez, según observadores como San Miguel, dirigir la Fuerza Armada con la gente que más conoce y de su mayor confianza, la de las promociones egresadas de las academias militares en 1978 o antes, en el límite del vencimiento del tiempo usual de servicio, que es de 30 años. Ello en particular, cuando se han reformado otros elementos de la institución, como agregarle el cognomento de “bolivariana” (Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional bolivarianas), “mientras que en la práctica política se han identificado los términos chavista y bolivariano”, observó el polemista opositor Teodoro Petkoff. Como consigna de saludo y despedida, la institución ha adoptado el lema “Patria, socialismo o muerte”, a despecho de críticas opositoras, según las cuales se exceden disposiciones constitucionales sobre el carácter a partidario de la Fuerza Armada. Por otra parte, los poco más de 100.000 efectivos de la Fuerza Armada serán reforzados con una cantidad similar de un nuevo componente, las milicias, reemplazo de cuerpos que antes eran prácticamente de papel, como la reserva y la guardia territorial, y que podrán coordinar su trabajo con los consejos comunales. Estos son definidos en otras leyes, y así promovidos por el oficialismo, como la unidad o célula básica de organización popular para construir una sociedad socialista, aunque la mayoría de ellos se consagra a mejorar viviendas y otros espacios de hábitat. El general retirado Alberto Muller, vicepresidente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela, dijo recientemente a IPS que “la creación de la milicia responde a la doctrina de la guerra asimétrica, de todo el pueblo”, ante el supuesto de una invasión. La milicia “tiene su historia en Venezuela desde 1830, recoge la tradición de que todos los ciudadanos deben participar en la defensa del país y se supera el problema de que una casta militar profesional pueda dar un golpe de Estado”. En cambio, para el general retirado Raúl Baduel, ministro de Defensa de Chávez entre 2006 y 2007 y ahora crítico del gobierno, “las milicias se convertirán en una fuerza paralela a la Fuerza Armada, en una nueva guardia pretoriana”. Aunque la doctrina para hipótesis de conflicto sea de “guerra asimétrica”, el grueso de los recursos va al armamento convencional, y Venezuela en los últimos tres años hizo compras por más de 4.000 millones de dólares a Rusia y unos 1.000 millones a China. En Rusia se han comprado 24 cazabombarderos Sukhoi-30, más de 60 helicópteros MI, 100.000 fusiles AK Kaláshnikov, una fábrica para producirlos en Venezuela, barcos de superficie, y se tramita la adquisición de submarinos, mientras que a Beijing se le compran 24 aviones Karakorum K-8, de entrenamiento y patrullaje. Los K-8 se adquieren después de que se frustró la compra de Supertucanos a Brasil, debido al veto impuesto por Estados Unidos para que componentes de ese origen presentes en esos aparatos fuesen entregados a Venezuela, con cuyo gobierno está enfrentado política y diplomáticamente. Para remarcar la “alianza estratégica” con Moscú, Venezuela recibió por primera vez en su historia la visita de dos cazabombarderos estratégicos Tupolev TU-160 de ese país, y en noviembre recibirá una pequeña flota rusa para efectuar maniobras conjuntas. Nuevamente aparece el horizonte electoral, pues tales maniobras coincidirán con los comicios que, pese a su carácter regional y municipal, son considerados tanto por Chávez como por sus detractores como decisivos para fortalecer o debilitar el “proceso”. La cientista social Colette Capriles ha sostenido que Chávez, con movimientos como los efectuados en la institución castrense, “afianza sobre la sociedad el poder del Estado dirigido por él, para en la práctica hacer lo que quiera independientemente de cómo los ciudadanos sufraguen”. Puso como ejemplo que otra ley reformada por Chávez, la de Administración Pública, le faculta para nombrar autoridades regionales, con atribuciones y presupuesto, “quienes podrán pasar sobre los gobernadores y alcaldes, aunque fueren elegidos y no impuestos”. San Miguel destacó que también los jefes de las regiones tendrán presupuestos para obras y servicios, así como facultades amplias que minimizarán el papel de los civiles elegidos como gobernadores y alcaldes. Por añadidura, el presidente podrá designar a dichos jefes con prescindencia de su grado o jerarquía, lo cual, según San Miguel, “siembra desasosiego, pues si un oficial superior recibe órdenes de uno inferior se destruye el paradigma jerárquico”. Finalmente, la recomposición de la cúpula castrense permitió al presidente Chávez estrenar en público días atrás su uniforme de comandante en jefe. Fuente: IPS. Humberto Márquez

comparte