Fuente: El Estímulo

Sergey Popelnyukhov, antiguo legislador de la localidad rusa de Belgorod (oeste), fue sentenciado el lunes por el tribunal del Distrito de Lefortovsky de Moscú, aseguró la página Russian Legal Information Agency (Rapsi) dedicada a informaciones de tribunales.

Crédito Archivo Prensa Presidencial

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De acuerdo con la Fiscalía General de Rusia, Popelnyukhov malversó 1.100 millones de rublos (17,4 millones de dólares) que su empresa Stroyinvestengineering Su-848 había recibido del gobierno de Venezuela para construir plantas para la producción de fusiles y municiones auxiliares.

El acuerdo formó parte de un contrato suscrito con la estatal rusa Rosoboronexport, una de las mayores empresas dedicadas a la venta de armas en el mundo, que entabló la demanda junto al ministerio del Interior ruso.

El tribunal encontró que Popelnyukhov había elaborado “un plan criminal por robar dinero”, citó la nota de Rapsi.

La defensa del acusado afirmaba que las plantas no se construyeron debido al alto índice de inflación en Venezuela, uno de los mayores del mundo según analistas.

Los constructores involucrados en las instalaciones industriales reportaron retrasos de largo plazo en los pagos de salarios a los involucrados del proyecto. Esta situación atrajo la atención del departamento del Servicio Federal de Seguridad (FSB) responsable de la seguridad en los objetos industriales. Los plazos para poner en funcionamiento las instalaciones se pospusieron repetidamente hasta finales de 2015.

El tribunal concedió una demanda presentada por Rosoboronexport empresa de comercio de armas que exigen recaudar 1.14 millones de rublos de Popelnyukhov.

Una planta para la guerra no convencional

En medio de la llamada “guerra no convencional” que decía enfrentar con Estados Unidos, el fallecido presidente Hugo Chávez anunció en 2006 la construcción de una planta de fusiles en Maracay. El proyecto esperaba iniciar operaciones en 2009. Luego fue pospuesto para 2011, 2012 y 2015, de acuerdo a las declaraciones de responsables del proyecto en Rusia.

La fábrica esperaba tener la capacidad de producir anualmente 25 mil fusiles y 70 millones de cartuchos, según dijo el general Julio César Morales, entonces presidente de la estatal Cavim (Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares).

El gobierno de Chávez inició en 2004 importantes compras de armas a Rusia, pese a las críticas de Estados Unidos, que incluyeron la adquisición de 100.000 fusiles Kalashnikov AK 103, 53 helicópteros y 24 aviones Sukhoi, por un monto cercano a los 4.400 millones de dólares.

Como parte del acuerdo de adquisición de los fusiles, Rusia se comprometió con Venezuela a apoyarla en la construcción de esta fábrica que no prosperó.

La adquisición armamentista a países como Rusia y China despertó la alerta de la opinión pública y ONGs, junto al acuerdo de confidencialidad que se pactó en la última Asamblea Nacional (AN) chavista, antes del triunfo opositor del 6 de diciembre de 2015.

Un silencio marca los acuerdos militares suscritos por el chavismo con Rusia y Bielorrusia. Según el Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI), Venezuela gastó 162 millones de dólares en compra de armas en 2015, gasto que se acumula a los 5.620 millones de dólares invertidos en los últimos años de gobierno, según un artículo elaborado por la revista Climax.

Entre sus vaguedades, la Memoria y Cuenta 2015 del Ministerio de Defensa especifica las únicas inversiones: 997 armas de servicio para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y 13.605 cartuchos calibre 7,62 x 39 mm tipo bala adquiridos bajo un contrato en ejecución.

 

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