Tibú. Primero fue Raúl Reyes, el llamado número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quien murió en un ataque de tropas colombianas en el campamento que había establecido en Ecuador, muy cerca de la frontera entre los dos países. Pocos días después, fue Iván Ríos, otro miembro del secretariado que, con técnicas muy distintas (pago de recompensa) fue asesinado por uno de sus lugartenientes. Ahora, las fuerzas militares de Colombia le tienen montada una cacería a Rodrigo Londoño, conocido como “Timochenko”. El escenario de esa persecución ha sido el poblado petrolero de Tibú que se encuentra al noroeste de Colombia, a minutos de la frontera con Venezuela. Ese espacio es ahora objeto de numerosos ataques y situaciones difíciles para sus habitantes, los cuales están bajo una presión constante. Los choques armados van más allá de lo imaginable, al punto que se han ejecutado operaciones con bombas y armamento pesado contra instalaciones civiles. “Timochenko” es un objetivo clave para Colombia, pues forma parte de los siete miembros de la cúpula de la guerrilla. En efecto, el propio director de Seguridad Ciudadana de la policía del país vecino, el general Orlando Páez, aseguró que la zona está militarizada con grupos de inteligencia y unidades especializadas para dar con él. Paralelamente 500 militares, “apoyados por aviones, realizan patrullajes en la zona selvática del Catatumbo” según se desprende de informaciones respaldadas por fuentes militares citadas por el diario El Tiempo de Colombia. EL GRAN ESCAPE Uno de los actos más irresponsables cometidos por la facción del grupo guerrillero en la zona, fue dinamitar un oleoducto que pasa por la región. No se han cuantificado los daños ecológicos que produjo dicha detonación. Sin embargo, pese a los destrozos causados, el balance de las operaciones militares ha sido calificado como positivo, pues el general Paulino Coronado, comandante de la brigada 30 del Ejército, informó que hasta ahora se ha logrado el rescate de seis secuestrados. ONCE MIL REHENES Sin un puente que les comunique apropiadamente para traer el vital líquido y con los principales embalses contaminados por la detonación del oleoducto Caño Limón-Coveñas, que afectó la fuente que abastece al municipio, cerca de 11 mil personas esperan hoy contar con alguna información sobre cuándo dispondrán de agua para tratar de retomar sus vidas con relativa normalidad. El pasado martes a las 10:30 p.m., los guerrilleros del frente 33 de las FARC dinamitaron un tramo del oleoducto en la llamada vereda Campo Seis, lo que originó el derrame de unos 4.000 barriles de petróleo. La prensa local daba parte de una información suministrada por José Guillermo Cardona, gerente de las Empresas Municipales de Tibú según la cual el problema no es de transportación de líquido en el sistema de tuberías, sino del elevado nivel de contaminación que presentan las aguas. “Estamos a la espera de los resultados que entregara el laboratorio de Salud Ambiental del departamento y el Instituto Colombiano de Petróleo, en Bucaramanga (…) Ellos determinarán lo que se hará”. Solo en el área urbana de la zona 3.200 usuarios están afectados directamente. Sin embargo, iniciativas como las que desarrolló Ecopetrol “gracias a la planta que bombeó desde pozos profundos o naturales”, se pudo apoyar a la población en este problema sanitario. La información fue suministrada por el alcalde de Tibú, José del Carmen García. Fuente: Tal Cual. Pág. 32. Caracas 06/05/08

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