Caracas. Elsa Cardozo cree que el mandatario venezolano aprovechará el momento para distanciarse de las FARC. EL ACERCAMIENTO A COLOMBIA y Estados Unidos es la única salida de un jefe de Estado que se quemó en el proceso de mediación con la guerrilla colombiana y que ha perdido la capacidad de brillar en los escenarios internacionales del pasado. ¿Con cuánta sorpresa recibió estos recientes gestos de acercamiento del presidente Chávez hacia Colombia y Estados Unidos? —Con relativa sorpresa, porque el presidente Chávez nos ha ido acostumbrado a esto dedecir y desdecirse. Pero igual sorprende porque ahora los acercamientos vienen precedidos de situaciones más graves que en otras ocasiones. —Chávez habló de normalizar las relaciones con Estados Unidos. ¿Eso en qué hechos se puede traducir? —Probablemente lo que Chávez quiere es una relación políticamente más fluida, porque aunque formalmente la relación está ahí, hay una serie de áreas críticas que son las más sensibles para la política exterior de Estados Unidos: la seguridad energética, el terrorismo y el narcotráfico. Lo curioso de toda esta propuesta de normalización es que la relación se ha deteriorado no por las iniciativas de Washington, sino por las declaraciones y omisiones del Gobierno venezolano. Fue Chávez quien rompió relaciones con la DEA. Fue él quien se terminó colocando en el terreno equivocado en materia de terrorismo. Y fue él quien perfiló a Venezuela como una amenaza a la seguridad energética de Estados Unidos. —Ahora el presidente venezolano habla con nostalgia de los tiempos de Clinton, y de un embajador John Maisto que decía: “No vean lo que Chávez dice, sino lo que hace”… —Sí. Pero los tiempos de Maisto no volverán. Ha quedado demostrado que Estados Unidos debe escuchar a Chávez. A lo mejor él no hace todo lo que dice, pero todo lo que ha hecho lo ha anunciado antes, de una u otra forma. Por otra parte, esos tiempos que Chávez recuerda, tampoco fueron tan buenos. Su contacto con el presidente Clinton no fue ni repetido ni fluido. Se encontraron en dos o tres ocasiones, y de una manera muy poco formal. Nunca fue una visita de Estado ni nada parecido. —¿Cómo puede haberse visto en Estados Unidos ese gesto de acercamiento de Chávez, que por lo demás no tuvo mucha cobertura en los medios de ese país? —Hay que recordar que quien dio a conocer la propuesta de normalización no fue la Embajada de Estados Unidos, sino la Agencia Bolivariana de Noticias. El Gobierno venezolano consideró necesario ponerle un altoparlante a eso. Pero al mismo tiempo, el Presidente venía saliendo de sus discursos de guerra del 5 de julio y del 24 de junio.¿Cómo se va a dar un mensaje de paz saliendo de un desfile militar? En diplomacia es importante que las palabras vayan acompañadas de gestos. —En el caso de Colombia, al menos Chávez buscó una reunión… —El gesto con Álvaro Uribe es un poco diferente. Es mucho más abierto. Pero este reencuentro Uribe-Chávez es de naturaleza muy distinta a los anteriores. Porque ya la política de seguridad democrática del presidente Uribe ha dado buenos frutos. Y porque la figura de Chávez, y probablemente esto es lo que más pesa en este caso, se quemó en el proceso de mediación con las FARC. El presidente Chávez está muy disminuido y ha perdido capacidad de maniobra. Todo lo contrario de Uribe, que ha ganado credibilidad. —¿Entonces por qué reunirse con un Uribe que lo opaca? —Porque aún así el presidente Chávez lo necesita. En otro momento, ¿qué hubiera hecho Chávez? Se inventa una gira. Y va a sitios donde lo van a aplaudir, y donde va a tener cámara, y donde va a tener prensa. Ahorita ¿adónde va el presidente Chávez? ¿A Nicaragua, donde Ortega está metido en tanto lío y tanta protesta?¿A Bolivia, donde la situación está prendidísima y donde la presencia de Chávez en lugar de ayudar a Morales es posible que lo perjudique? ¿A Ecuador? ¿A Argentina, donde el presidente Chávez no pudo montar esa cumbre paralela? ¿A Brasil? ¿A Cuba? Chávez no tiene mucho más que inventar. Le toca, como dicen los muchachos, asumir su barranco. Y su barranco es éste: procurar una cierta normalización con el presidente Uribe y con Estados Unidos. Además, en estos acercamientos hay un juego de fondo: intentar vender una actitud más razonable para que lo dejen tranquilo con la situación de adentro. Aquí en Venezuela están ocurriendo cosas muy graves. El tema de las inhabilitaciones es tan grave como lo de Radio Caracas Televisión. Entonces, yo me porto bien afuera, pero no se metan con mi lío adentro. —En un momento de tanta debilidad para las relaciones internacionales, parece increíble que el ministro de Relaciones Exteriores siga en el cargo… —Y el ministro de Relaciones Interiores, y el ministro de Energía y Minas, y todos. Todos tendrían que renunciar. En estos días he recordado mucho lo que dicen los textos clásicos sobre diplomacia, sobre las cualidades que debe cultivar un diplomático, como la precisión, la moderación, la lealtad, la honestidad. Y entonces vemos como se comporta el presidente Chávez, que es el primer representante diplomático del país.Entonces,¿quién tiene que renunciar? —¿Existen antecedentes de un jefe de Estado que le dedique los peores epítetos al mandatario de un país vecino y un par de meses después intente abrazarlo y diga que es su hermano? —La verdad es que no tengo memoria de algo semejante. Sí sabemos, por supuesto, de gobernantes que han sido muy ofensivos. Como Hitler y Fidel Castro. Pero aún así no recuerdo cosas como las que le ha dicho el presidente Chávez a otros líderes, como al presidente Bush, a la secretaria de Estado norteamericana, al presidente Alan García, a Alejandro Toledo, a Uribe, a Pastrana… La lista es larguísima. Y sobre todo porque tras la ofensa se comporta como si no hubiera ocurrido nada. Y eso es muy grave, porque es la desvalorización de la palabra, no sólo del cargo. Ya la palabra no vale, y entonces él no tiene ninguna credibilidad. —¿No le hace daño al presidente Uribe reunirse con un líder como Chávez? —¿Aqué vino a Venezuela el presidente Uribe? Primero, ni tonto, a tratar de amarrar a Chávez con eso que dijo de que las FARC deben liberar incondicionalmente a todos los rehenes. Eso es ganancia para su proceso de paz. Esta declaración, con todo lo disminuida que está la proyección del presidente Chávez, es importante. Además, están otros temas como el freno a la movilización de la guerrilla hacia territorio venezolano, el comercio bilateral y los mecanismos institucionales para situaciones de crisis. —¿Cómo cree que se tome en el seno de las FARC el acercamiento entre Chávez y Uribe en este momento? —Eso puede tener muchas lecturas. Habrá quienes lo asuman como un gesto político necesario. Probablemente Alfonso Cano, que es el más político de los miembros del Secretariado, lo asumiría así. Y quién sabe si hasta lo ve con buenos ojos, porque eso de alguna manera evidencia la voluntad del presidente Uribe de sentarse a negociar aun con personas con las que ha tenido roces muy fuertes, y a pensar en términos prácticos. Puede ser leído de esa manera. No tiene por qué ser leído como una traición. —Se dice que el mismo Raúl Castro le ha recomendado a Chávez que se distancie de las FARC. ¿Cree que el presidente venezolano sea capaz de entender la conveniencia de esa decisión? —Es que en este momento esa es una asociación muy inconveniente para él. Incluso dentro de la óptica del proyecto del presidente Chávez. ¿Por qué es inconveniente? Por todo lo que se ha ido ventilando. No es sólo que las FARC han perdido terreno militar. El problema es que también han perdido terreno político y moral. Cuantos más rehenes son liberados, más terribles son las cosas que se conocen sobre la inhumanidad de las FARC. Entonces esa es una pésima compañía. Además, ya parece evidente que no van a llegar al poder, a diferencia de otros factores institucionales de la izquierda colombiana. Al presidente Chávez, probablemente, le tocaría rehacer sus canales de comunicación, replantearse esos vínculos, y es posiblemente lo que tenga en mente. ? Fuente: El Nacional. Nación/6 Reynaldo Trombetta

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